Se ha convertido ya en una tradición
-y el mundo del toro sabe bien conservar sus tradiciones- que el
desembarco de los camiones de televisión en la plaza de toros de
Roquetas, para televisar en directo una novillada en la que haga el
paseíllo algún alumno de la Escuela Taurina de Almería, sirva para
avisar de que falta aproximadamente un mes para la feria de Santa Ana
y, mas o menos, dos para la feria de la Virgen del Mar. Por encima de
este aviso que los aficionados toman al pie de la letra, esta
novillada inaugura la temporada taurina en la ciudad de Roquetas de
Mar.
Este año, el alumno de la Escuela
almeriense que ha tomado parte en esta novillada ha sido Jorge
Martínez, buque insignia de la actual etapa de la Escuela y alumno
que ha seguido la estela de otros que lo fueron en los últimos
tiempos, y que ahora son novilleros con picadores, como José Cabrera
o Sergio Roldán. Junto a él hicieron el paseíllo alumnos de las
escuelas de Motril (Ernesto Marín), que escuchó palmas, de Jaén
(Juan Melchor) con el mismo resultado tras marrar con los aceros, un
alumno de la escuela de Baeza (Gómez Valenzuela) que dejó un buen
sabor de boca a través del valor y la transmisión y cortó dos
orejas, un alumno de la escuela de la Diputación de Málaga (Alvaro
Passalacua), que toreo con suavidad y temple toda la tarde, haciendo
las cosas con poso y torería y que escuchó una fuerrte ovación y
un último alumno de la escuela taurina de Baza (acartelado Adrían
Centenera), que mostró oficio y que saldría también a hombros con
dos orejas.
La novillada fue de Martín Lorca, que
trajo hasta Roquetas una novillada seria y muy bien presentada,
rematada en sus hechuras y con la cara que un certamen tan
prestigioso requiere. En cuanto a comportamientos la novillada fue,
en líneas generales, brava y con posibilidades de triunfo para todos
los novilleros. El primero se paró pronto y el quinto fue el más
bruto en su embestida -y además fue el más fuerte del encierro-.
Nuestro representante, Jorge Martínez,
quitó por saltilleras al novillo que le antecedía en un quite muy
ceñido y algo atropellado, que fue replicado además por chicuelinas
a cargo del matador de turno.
Cuando saltó a la arena el quinto de
la tarde, el que correspondía al alumno almeriense, éste lo paró
por verónicas rematadas con una media. Cada uno de los lances los
recibió el novillo con la cara alta. El novillo en el tercio de
banderillas se arrancó como un obus a los cuerpos de los reileteros.
Ya en la muleta de Martínez, comenzó la faena con doblones para
tomar los medios y preparar el toreo en redondo por la mano diestra.
Varias tandas en redondo, por ambos pitones, hasta llegar a acortar
las distancias. Las últimas tandas, toreando más atrás y menos en
línea recta, llevaron al novillo más sometido y el toreo fue mucho
más profundo.
Los mejores momentos, los de mayor
hondura y pureza, probablemente llegaron al final con una serie de
ayudados por alto, con el compás abierto y la suerte cargada,
barriendo el lomo del animal que ceñía su embestida a la cintura
del torero. Tras esto, un pinchazo y una estocada y el público pidió
con insistencia las dos orejas que el palco concedió al joven
aspirante.
Destacó, como suele ser habitual, el
banderillero José Magaña, que además de estar eficaz y
espectacular con los palos, dejó un meritorio quite de riesgo en el
que le quitó el novillo de la misma taleguilla a su compañero
Antonio Olivencia.
Estas son algunas imágenes del festejo.


